Estoy nerviosa, furiosa... Necesito calma. Necesito mi río, mi lugar de relax. Así que corro, corro con todas mis fuerzas sin pensar en nada y menos en un xuxo mugriento que no hace más que daño. Pero es imposible no pensar y de vez en cuando me vienen a la cabeza recuerdos de momentos mejores y entonces me derrumbo. El mundo se me viene encima y me dejo caer en el suelo. Las hojas se me enredan en mi pelo, que más da. Y lloro, solo lloro hasta que llega un ángel y deja caer sus alas. Unas alas que me abren los ojos y me enseñan el camino.

Un camino en el que me acompañará siempre. Un camino en el que habrán muchas piedras con las que tropezaré una vez tras otra. Pero ahora, ya no estoy sola. Ahora tengo mi propio ángel de la guarda.
ResponderEliminarTe quiero muchisimo (L)